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PINKY PROMISE, Las promesas no se rompen
26
Aug 2019

PINKY PROMISE, Las promesas no se rompen

Años atrás estando a las afueras del aeropuerto, recuerdo la mirada de una de mis hijas quien estaba muy pendiente de cada movimiento que generaba previo a buscar la aerolínea para hacer mi registro al vuelo que me llevaría a mi destino… justo en el momento previo a despedirme con su voz tierna e inocente me dijo – “¡Espero que esta vez sí me traigas algo! Y para garantizar que así sea haremos una Pinky Promise” alzó su manita con el dedo meñique arriba y me dijo – “Papi, tienes que cumplir porque una Pinky Promise nunca se rompe” Seguí su pequeño juego, apretamos los meñiques y presurosamente me aleje. Ese viaje no fue igual, sus palabras resonaban en mi cabeza y mientras más pensaba en ello un deseo ferviente de cumplirle crecía en mi ser. Comprendí la fuerza de esa declaración “¡Una Pinky Promise nunca se rompe!” comprendí que en medio de esa inocente promesa estaba en juego mi credibilidad, mi diligencia por cumplir, estaba el peso moral de mi palabra dada, la obligación paternal de cumplirle a mi pequeña.

Han transcurrido los años y mientras escribo este artículo hago un recuento de cuantas promesas he cumplido. Cuantas he olvidado y cuantas he realizado a la ligera. Reflexiono que una promesa es invaluable, representa un deber que cumplir y el esfuerzo inmerso porque la misma supere las expectativas de quien observará el cumplimiento de la misma.

Prometer, es dar nuestra palabra como garantía de que algo pasará y que entre verbalizarla y materializar el cumplimiento de ella habrá valores implícitos como la responsabilidad, la intencionalidad, disciplina y compromiso entre otros.

Investigando un poco más acerca de las curiosas PINKY PROMISE, he encontrado que las misma iniciaron en Japón, donde se le llama Yubikiri.   Según esta versión oriental, originalmente indica que la persona que rompe la promesa debe cortar su dedo meñique ¡que dramático! Si todos siguiéramos al pie de la letra esta tradición seguramente tendríamos más cuidado de realizar este inocente acto. Ahora bien, en la actualidad este acto es una manera más informal de sellar una promesa, una forma gráfica de mostrar un acuerdo. Una manera de manifestar un convenio, pero sin darle la importancia debida.

Y entonces investigando un poco más encuentro otro dato interesante ¿Por qué enlazamos los dedos meñiques? ¿por qué no otros dedos u otra parte del cuerpo? La respuesta es simplemente impresionante; porque se descubrió que hay una arteria que conecta al corazón con el dedo meñique. Esta arteria lleva por nombre la ”Arteria Ulnar”. Entonces ahora todo tiene más sentido, cuando unimos los dedos meñiques, en realidad estamos prometiendo algo con el corazón. Lo cual transforma este acto aparentemente simple y cotidiano en algo más profundo y trascendental.

He evaluado que las Pinky Promise son habituales entre infantes, para quienes realizarlo es un acto que involucra una seria obligación para cumplir lo prometido, creo que es tiempo de que nosotros los adultos aprendamos de ellos y recobremos la honorabilidad de nuestras palabras y que retomemos este acto simbólico que involucra nuestro lenguaje verbal, nuestro corazón y también nuestra disposición de no tomar a la ligera estos acuerdos sino que demos realce a los compromisos, obligaciones y tareas a las cuales nos hemos comprometido; sabiendo deliberadamente y conscientemente que si he realizado el acto de cruzar meñiques con alguien debo recordar que “¡Una Pinky Promise nunca se rompe!”

 

Byron Pérez

Voluntario Guatemala Próspera
byronperezajanel@gmail.com

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